
"De acuerdo con el sr. Freud, el sistema neuronal tiene la tendencia a fugarse del dolor, existe un límite de eficiencia y pasado ese límite hay fracaso y el fenómeno equivalente a este fracaso es el dolor. El dolor es la irrupción de grandes cantidades de energía y cuando se presenta no hay obstáculo que pueda oponérsele, es un imperativo. La causa desencadenante del dolor puede consistir, por un lado en un aumento de cantidades de excitación, toda excitación tiende a convertirse en dolor a medida que aumenta el estímulo.(...) El dolor lo encontramos también en el discurso amoroso. "Me duele el otro", "me duele el corazón", es el dolor que produce el cuerpo del otro y se le pide a la piel que responda. Como si hubieran dedos en la punta de las palabras y viceversa. La antigüedad grecorromana conoció al amor, casi siempre como pasión dolorosa y digna de ser vivida así."
En otro leí esto:
"La pregunta es ¿qué hacemos con ese dolor después de que lo sentimos? La mayor parte de la gente lo entierra, porque dolió tanto que no quiere volver a sentir eso tan profundamente. Por mi parte, enterré mi dolor y lo cubrí con optimismo, con buen humor, con “fortaleza”, con mucha cosas que lograron convencerme que a mí ya no me dolía. Y no me daba cuenta que lo traía cargando, que mi cuerpo recordaba todas y cada una de la veces que me dolió.(...) Las personas valientes, que se dan cuenta que algo en sus vidas no está funcionando (y el barómetro para eso es la tranquilidad del corazón) y quieren hacer algo por resolverlo, empiezan viajes internos que logran acercarse a ese dolor. Un problema en muchos de los caminos que te llevan a explorar tu dolor es que luego se quedan clavados en el dolor….porque resulta que estamos tan acostumbrados a vivir de esa manera, que disfrutamos - repetimos esto: disfrutamos - el dolor(...)El libre albedrío en tu vida es: ¿que haces con ese dolor después de que lo sientes? ¿Te quedas con él? ¿Lo dejas ir y le agradeces la experiencia? ¿Lo amamantas con tu energía? ¿Se lo cobras al otro? (...)
Nosotros no llegamos a esta tierra para sufrir. Pero nuestra cultura nos enchuecó para que sólo podamos sentir placer con dolor, ya que el placer placentero está asociado con el pecado. O sea, el placer lo vivimos con culpa. El dolor, no. El dolor lo vivimos con placer.

